Gálatas 4:9

“mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar?”


En la caja

Panorama


El problema de la humanidad es una falta de entendimiento de quien es Dios.

Desde pequeño nos enseñan que Dios es un Dios de mandamientos y reglas y que anda buscando a los que no cumplen para castigarlos.

Es una percepción muy equivocada y en verdad es despreciando su persona.

Es una cosa conocerle a Dios. Llegar al mismo lugar donde llegó Job. “De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven.” Job 42:5

Es otra cosa ser conocido por Dios. Aquí no está escribiendo Pablo de un Dios omnipresente, omnipotente, omnisciente como lo declara David en Salmo 139. Pablo está describiendo a un Dios personal, como de un Padre para su hijo incluyendo intimidad, cariño, cuido. Esencialmente para Dios el creyente es una posesión preciosa.

Habiendo sido rescatados y redimidos por Dios y reconciliados con Dios hay tanto en cuanto a su persona que necesitamos aprender. No es un amo que exige servicio. No es un gerente que demanda resultados. El busca voluntad de corazón.

Dios al salvarnos, nos dio toda y completa libertad. Lo que nos motiva come creyentes servirle a Él es esa libertad. Lo que nos estimula como creyentes a producir fruto es esa libertad.

Si volvemos a un sistema parecido al en que anduvimos antes de ser salvo, ¿Por qué y para qué nos salvó Dios? Estos mandamientos u ordenanzas o reglas que imponen los hombres son una distracción. En vez de dejarnos ser guiados por el Espíritu de Dios en lo que podemos hacer para su gloria y honra, nos preocupamos con el complacer a los hombres y sus percepciones y sus convicciones.

Volviendo al libro de Job, encontramos a tres “amigos” que le dieron “consejo” a Job. Le dijeron que había hecho esto u otro y que no había hecho una u otra cosa. Al final, Dios les declara como sin entendimiento por que no conocían a Dios, ni a sus propósitos. Daban consejo a base de sus ideas y percepciones que en realidad eran equivocadas y no lo que Dios deseaba.


Reflexión personal: ¿Qué estoy enseñando cuando utilizó tu Palabra? ¿Enfatizo mis convicciones o enfatizo la sana doctrina? ¿Estoy enfocado en “que hacer” o en el “por qué hacerlo”?


Oración: Padre, que mi vida sea un ejemplo para los que vienen detrás de mí. Que mis palabras concuerdan con tu Palabra y que mi vida concuerda con mi hablar.


 

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