Gálatas 5:1

“Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.”


Yugo liviano

Yugo pesado


Al ser humano le gusta dominar. Es algo que nace desde adentro de su ser y que le provoca a poner cargas sobre lo demás para que le hacen caso o que se someten y así dándole un cierto nivel de “control” y de “autoridad”.

¿Será que la vida de un cristiano es controlada por una lista de “que hacer” y “que no hacer”? Si fuera así, no sería contrario a lo que encontramos aquí y en lo que el Señor Jesucristo menciona en Mateo 11:29 – 30 “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.”

¿No es lo que reconocieron los apóstoles, que imponer una lista de “haceres” fuera muy pesado para los nuevos creyentes considerando que ellos mismos no podían llevar tal carga? “Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar?” Hechos 15:10

La salvación es ser libre, es salir fuera del yugo de esclavitud, es escapar del dominio de otro. La lista de “que hacer” o “que no hacer” desaparece y en su lugar llega un entendimiento de lo que es estar “en el negocio de mi Padre” y un entendimiento de lo que significa “no mi voluntad, sino la tuya”.

Aunque tal vez presentado con buenas intenciones, las listas, las reglas y los mandamientos de hombres producen esclavitud. Un creyente se vuelve esclavo en el sentido que está pensando en que debe o no debe de hacer en vez de estar pensando en cómo servir al Señor. Un creyente se vuelve esclavo en el sentido que se somete a la voluntad de otro en vez de la voluntad del Señor. Llegando a ese punto, la vida cristiana se vuelve una carga pesada en vez de una carga ligera y el yugo difícil en vez de un yugo fácil.

Un cuadro muy interesante encontramos en la Palabra de Dios: la voluntad. En el tiempo de Moisés y la construcción del tabernáculo, en el tiempo de Salomón y la construcción del templo, en el tiempo de Ezequías y las reformas y en el tiempo de Esdras y la reconstrucción del templo fue algo que definió al pueblo: “voluntariamente”.


Reflexión personal: ¿Quién soy yo para mandar? ¿Quién soy yo para determinar lo que debe o no debe de hacer un hermano o una hermana en su servicio hacia el Señor? ¿No es el mismo Dios que me guía a mí y los guía a ellos? Los principios de Dios no cambian, pero la ejecución de sus planes, son distintos para cada uno que se somete a su voluntad. Confió en que el mismo Dios que está trabajando en mi vida, está trabajando en la vida de mis hermanos.


Oración: Padre, déjeme preocuparme por mi servicio y preocuparme servirte bien como Tú quieres. Dejo en Tus manos a mis hermanos y hermanas para que todos juntos Te servimos conforme a Tu voluntad y así cumpliendo Tus propósitos eternos.


 

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