Efesios 4:13

«hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;»


Perfección en mí mismo

Perfección en Él


La doctrina o filosofía común de nuestra generación es “ser lo mejor que puede ser”. El énfasis es puesto en el YO. La meta, todo lo que yo puedo ser y todo lo que yo puedo alcanzar. Consideremos el plan de Dios en cuanto al ser humano y notamos un énfasis en Él, eso en Cristo.

El conocimiento inicial de Él nos lleva a la salvación, habiendo “escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo” 2 Pedro 2:20.

Así arranca el proceso donde el nuevo creyente como bebe espiritual va creciendo en el conocimiento de Él conforme al deseo del apóstol Pedro en 2 Pedro 3:18 “Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.”

Las herramientas para la vida espiritual son también basadas en el conocimiento de Él “Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia,” 2 Pedro 1:3.

Mirando el propósito de la vida del creyente, eso también tiene que ver con dar testimonio del conocimiento de Él. “Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento” 2 Corintios 2:14.

Si el énfasis de mi vida es mi crecimiento o mi perfección personal, no he entendido los propósitos de Dios en cuanto a mi salvación. El apóstol Pablo (que es considerado como uno de los mayores de los apóstoles) confiesa su propia debilidad y lo insignificante que era su vida en contraste a la grandeza del conocimiento de Cristo en Filipenses 3:8 “Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús”.

El plan de Dios se revela en parte en 2 Corintios 4:6 “Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.” El énfasis, no está en mí, ni en lo que yo puedo ser. El énfasis esta en Cristo y lo que Él es.


Reflexión personal: Si yo quiero ser un gran hombre, que sea yo un gran hombre para Dios. Si yo quiero que le gente me mira a mí, que sea que miran a Cristo en mí.


Oración: Señor, que llego a conocer a Cristo, y ser como Cristo, como Él lo merece.


 

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