Colosenses 4:16

“Cuando esta carta haya sido leída entre vosotros, haced que también se lea en la iglesia de los laodicenses, y que la de Laodicea la leáis también vosotros.”


Bueno para uno.

Bueno para todos.


Una otra ocasión donde Pablo les manda sobre una carta: “Os conjuro por el Señor, que esta carta se lea a todos los santos hermanos.” 1 Tesalonicenses 5:27

Compartir lo bueno es necesario. Muchas veces nos tienta guardar una información recibida y así controlarla para mantener una ventaja sobre otros. Otras veces se nos olvida compartir una información recibida por que no la pusimos mucha importancia.

Como creyente, recibir instrucciones de Dios me hace responsable delante de lo demás. Me toca hacer como Felipe quien abrió su boca y anunció el evangelio al eunuco por medio de la Palabra de Dios. Lo que el Señor me enseña y revela de su Palabra es de provecho no solamente para mí, sino también para otros. “Él les dijo: Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas.” Mateo 13:52

Dios desde el principio, ha querido que sus propósitos, sus metas y sus verdades fueran enseñados a las generaciones siguientes; Abraham a Isaac, Isaac a Jacob, Jacob a sus hijos. Luego, Moisés a la nación de Israel con el mandamiento de enseñarlo todo a sus hijos y así en seguida.

En la antigüedad, mucho fue compartido por palabra hablada de generación en generación. En verdad, que privilegio tenemos nosotros de andar la Palabra de Dios conservada por escrito.

Pablo recibió del Señor las verdades eternas, la sana doctrina. Él se encargó de enseñarla a Timoteo y le deja estas instrucciones: “Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.” 2 Timoteo 2:2

Lo que está escrito con tinta en pergamino o en papel no es lo único que tiene el mundo para leer. La obra de Cristo en salvarnos y cambiarnos es un testimonio escrito como dice Pablo: “Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres; siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón.” 2 Corintios 3:2 – 3


Reflexión personal: ¿Soy yo una carta leída por todos los hombres? Como cristiano, soy una carta. La pregunta es, ¿que están leyendo en mí?, algo que atrae a Cristo, o algo que avergüenza a Cristo.


Oración: Padre, que la historia de mi vida sea un testimonio de la obra de Cristo y lo que el ha hecho en mí. Todos me van a leer, y quiero que leen de ti y que leen de Cristo. Quiero desaparecer en Cristo, que Cristo vive en mí.


 

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